Vivirás más cuerdamente, Licinio, si no te adentras
en alta mar ni te acercas excesivamente a la peligrosa orilla, cuando,
cauteloso, teme a las tormentas.
Todo el que ame la áurea medianía carece,
seguro, de la sordidez de un techo vil;
carece, sobrio, de un palacio envidiable. El viento castiga más a los erguidos
pinos; mayor es la caída de las altas torres y los rayos fulminan las cumbres
de los montes. El buen pecho templado, en la adversidad, espera; en la
prosperidad, teme una suerte distinta.
El mismo Júpiter trae los inviernos y él mismo
es quien los destierra; si ahora el mal está presente, no será así siempre. Apolo,
a veces, despierta las dormidas cuerdas de su cítara pero no carga siempre su
arco tenso.
En la adversidad, pórtate fuerte y animoso; pero,
prudente, recoge las velas si el viento propicio llegara a hincharlas
demasiado.
No indagues,
Leucónoe; vedado está saberlo qué destino los dioses a ti y a mí nos dieron, y no de Babilonia consultes los misterios.
Vale más, como fuere, aceptar el decreto, ya nos conceda Jove contar muchos inviernos, o ya sea este el último en que abatirse vemos contra escollos tenaces las olas del Tirreno.
Sé prudente, buen vino consume de lo añejo y largo afán no entregues a plazo tan pequeño. Mientras hablamos huye con la palabra el Tiempo. ¡Goza este día! Nada fíes del
venidero.
Hacia el 750 a.C., cuando se fundaba Roma,
numerosos pueblos se hallaban distribuidos en el territorio de la península
itálica y vivían en permanente estado de guerra.
Los orígenes de Roma son muy oscuros. La
tradición más cara a los romanos los hacía remontar a los tiempos del
legendario Eneas, hijo de Venus y Anquises, que lograra escapar a la
destrucción de Troya. Los fundadores de la ciudad habrían sido sus
descendientes Rómulo y Remo. Se consideraba a Rómulo el primero de los siete
reyes que gobernaron en Roma antes del advenimiento de la República, lo que,
según la tradición, habría acontecido alrededor del 510 a.C.
En el mapa etnográfico de la Italia primitiva
encontramos gran variedad de pueblos que se fueron influyendo y asimilando
mutuamente hasta formar lo que más adelante se llamó el pueblo romano.
El pueblo romano debe a los latinos su
actividad comercial y agrícola; a los sabinos, su organización militar y el
vigor guerrero; a los etruscos, la primitiva concepción social, cultural y
religiosa.
Los etruscos poseían un grado de civilización
muy superior a la de los pueblos de la península, excepción hecha de las
colonias griegas.
Su técnica avanzada contrastaba con los pobres
medios de los latinos; conocían las construcciones de piedra y ya utilizaban el
arco de medio punto que luego iba a perfeccionarse y difundir la arquitectura
romana posterior. Con anterioridad al dominio etrusco, los latinos habitaban humildes
chozas alejadas unas de otras.
La influencia etrusca es también importante en
la organización social romana. Los juegos que tuvieron una preponderancia
indiscutida sobre los otros entretenimientos del pueblo romano, eran de origen
griego, pero su introducción en Italia se debió a los etruscos. Los ritos funerarios
y muchos aspectos de la religión romana indican la misma procedencia.
CARACTERES LITERARIOS - Poco sabemos de las primeras
manifestaciones literarias en lengua latina, simples cantos que celebraban
distintos acontecimientos de la vida militar, familiar o religiosa. Los escasos
fragmentos conservados tienen un valor arqueológico más que literario. La
literatura latina comienza a desarrollarse gracias a la influencia de la
cultura griega, que recibe por dos vías: una indirecta, a través de los
etruscos, y otra directa, más profunda, de la Magna Grecia[1].
A la elevación y originalidad de la literatura
griega, se le suele oponer el sentido utilitario y el carácter imitativo de la
literatura latina, presentando a esta como una imitación de aquella. Sin embargo,
si bien es cierto que los autores latinos, menos libres en su inspiración
creadora que los griegos, no llegaron a tan alto nivel estético, es innegable
que lograron un arte más depurado, que asimilaron lo helénico, adaptándolo a lo
nacional y que difundieron su cultura por el mundo.
1°) La literatura latina es clásica como la
literatura griega, en los tres sentidos que se atribuye al término: por la
perfección lograda, porque sirvió de modelo a la literatura posterior, y porque
realizó el ideal estético de equilibrio y armonía.
2°) Es imitativa, pero nacional. Surgió y se
desarrolló bajo la influencia helénica, pero no copiaron servilmente lo griego,
sino que lo elaboraron adaptándolo a lo nacional, imprimiéndole el sello de su
personalidad.
3°) Es utilitaria e impersonal. El latino posee
escasa sensibilidad o imaginación, y está dominado por un sentido práctico, utilitario.
Su desconfianza en el individualismo lo llevó a someterse a la idea del Estado,
como expresión de la unidad nacional. Los poetas perseguirán un fin patriótico
y social. Dejando la poesía íntima, la lírica, cultivarán los géneros
objetivos, de interés general: oratoria, historia, epopeya, obras didácticas, tratados
de moral. Los latinos, por lo tanto, eligen, entre los géneros griegos,
aceptando solo los que están conformes a su espíritu nacional, y crean un nuevo
género: la sátira.
4°) Es aristocrática. La literatura latina está
dominada por un espíritu de selección; es una literatura de “élite”, de
minorías, que no está dirigida al pueblo, sino a las clases altas de la
sociedad.
5°) Es centralizada. Aunque la mayoría de los
autores han nacido en provincias, se concentran en Roma, especialmente durante
la edad de oro, en torno a la figura de Augusto quien los protege, juntamente
con Mecenas.
6°) Está sujeta a reglas. Mientras que la
literatura griega era espontánea, anterior a la formulación de las reglas
estéticas, la latina es retórica, está sometida a las normas del arte y a los
modelos griegos.
7°) Es irregular en cuanto al proceso
histórico. En Grecia los géneros literarios se sucedieron conforme al orden
natural y lógico del desarrollo del pensamiento humano (epopeya, lirismo,
drama, prosa). En Roma, por el contrario, aparece en primer término el teatro,
luego la prosa y, por último, la epopeya. La irregularidad del proceso
histórico se manifiesta también en la ausencia de una evolución progresiva y
continua de los valores artísticos como ocurrió en la literatura griega. Por el
contrario, la literatura latina crece rápidamente y rápidamente también
decrece.
[1]Así se llamaba colectivamente
a las colonias griegas del sur de Italia (fundadas en su mayoría en el siglo
VIII) desde la bahía de Nápoles al golfo de Tarento.