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LAS BIENAVENTURANZAS

1 Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.

2 Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:

3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

 

Mateo 5:1-12

 

EVANGELIO SEGÚN MATEO



  El Evangelio según Mateo inicia el Nuevo Testamento. Considerado como el más antiguo, es el más citado por los Padres y Doctores de los primeros siglos.

Según un testimonio del siglo III, habría sido terminado cuando Pedro y Pablo predicaban en Roma, es decir, alrededor del año 64.

 

FUENTES

 

La versión de Mateo tendría como fuente la experiencia personal del Evangelista y la catequesis oral o evangelización primitiva. El planteamiento y la distribución general provendrían de la catequesis que, junto con el conocimiento directo de los hechos, habría proporcionado el material o contenido.

También cabe la posible utilización de redacciones anteriores, parciales y anónimas, de algunos episodios de la vida de Jesús, como podría ser un primitivo relato de la Pasión.

 

TEMA

 

El Evangelio tiene como tema a Jesús de Nazaret, cuyos hechos y doctrinas se presentan sostenidos en una trama biográfica que incluye muy pocos detalles y abarca solo breve lapso de su vida.

 

DESTINATARIO Y FINALIDAD

 

El Evangelio fue, seguramente, destinado a los hebreos en principio y extendido después a los judíos de la diáspora y a los gentiles, y tuvo como finalidad demostrarles que Jesús era el Mesías esperado por Israel, y que en él se cumplían todas las profecías.

Destinatario y finalidad influyen en la adopción de determinada forma y en su contenido: es el Evangelio que contiene más hebraísmos y arameísmos; el que utiliza más expresiones típicas como “pueblo elegido” y “ciudad santa”; el que conserva y usa más veces perífrasis y circunloquios, fórmulas con las que los hebreos sustituían, por respeto religioso, el nombre de Dios; omite, asimismo, aclaraciones o explicaciones acerca de hechos, cosas, lugares o costumbres que debían ser del conocimiento de los judíos o de fácil comprensión para los mismos. Abunda en citas del Antiguo Testamento y busca destacar, al vincularlas a Jesús, que a él se referían proféticamente. La genealogía que incluye se remonta a Abraham, y no hasta Adán como la que aporta Lucas, como si solo quisiera señalar la relación de Jesús con el Patriarca, raíz del pueblo hebreo, y con las promesas a él hechas.

 

DOCTRINA

 

Dos son los temas fundamentales de Mateo y ambos están íntimamente relacionados entre sí: Jesús como Mesías y el advenimiento del Reino de Dios.

 En el primer aspecto, se preocupa por destacar todos los hechos y palabras de Jesús, y las circunstancias a él referidas que respondan, de alguna manera, a profecías u otros textos del Antiguo Testamento vinculables al Mesías. Establece, así, una especie de presentación paralela de la realidad cumplida y del anuncio profético, relacionándolos con frases como “para que se cumpliera la profecía” o “según estaba anunciado”.

En lo atinente al Reino, es necesario formular ciertas precisiones para comprender el alcance que el Evangelista da al término. Mateo usa la expresión en un triple sentido: el establecimiento en la tierra de una nueva Ley y de una nueva Alianza (mesiánicas), la vida feliz de los justos en ultratumba, y la vida interior, en paz y en gracia, del seguidor del Mesías o buscador del Reino.

 

ESTRUCTURA

 

El texto de Mateo presenta una clara organización estructural en torno a cinco discursos. Cada uno de ellos está precedido por una sección narrativa que prepara, anticipa o explica la subsiguiente exposición doctrinaria.

A manera de prólogo, el autor pone dos capítulos llamados “de infancia”, y como epílogo, añade tres más que narran la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo.

 

COMPOSICIÓN

 

El eje de la composición debe ser buscado en la finalidad perseguida por el Evangelista: demostrar que Jesús es el Mesías en quien la antigua Ley encuentra su razón, su perfección y su acabamiento. Para lograrlo, Mateo ha debido realizar un doble proceso: la selección dentro de un vasto material disponible de los elementos más eficaces para el logro de su propósito, y su ordenamiento acorde al fin. Para probar la identidad de Jesús y el Mesías, el autor recurre constantemente al Antiguo Testamento.

En síntesis, en el Evangelio según Mateo, la composición se rige por la finalidad perseguida, lo que origina su triple característica: la selección y el ordenamiento del material de acuerdo a un plan prefijado, sin tener en cuenta las circunstancias ni el orden cronológico de los hechos o discursos; la reelaboración del discurso mediante la unión de varios textos según relación temática; la abundancia de citas del Antiguo Testamento.

Esta composición y el análisis de los textos revelan mayor fidelidad formal en los discursos y parábolas, y más libertad en lo puramente narrativo.

 

PROCEDIMIENTOS LITERARIOS

 

En los discursos, no es el Evangelista sino Jesús quien habla y, por tanto, es su estilo personal el que aparece, con el manejo de las formas propias del género, de la lengua y de la época.

En primer lugar, son discursos que suponen un público especial: los semitas no son proclives a la especulación filosófica ni a los conceptos abstractos; por esto, la oratoria es rica en ejemplos, parábolas, alegorías, procedimientos que llevan de lo particular, de lo concreto, de la vivencia de hechos reales o imaginarios, al principio general.

Es un público culto pero sencillo; por esto el discurso abunda en imágenes, en metáforas, en comparaciones tomadas de lo cotidiano, de la experiencia habitual, y el léxico es simple, a menudo pintoresco. La cultura de ese pueblo proviene del Antiguo Testamento, tal es la razón de las constantes referencias al mismo, no solo para indicar una continuidad doctrinaria sino como procedimiento didáctico, útil para la enseñanza y el aprendizaje.

El semita es exagerado, dado a la hipérbole y a la paradoja, no a las que revelan un complejo proceso mental, sino a las que sorprenden inmediata y directamente por su notoria violación del orden conocido. Jesús usa con maestría ambos recursos, así como la sentencia, el apostrofe, la pregunta que obliga a pensar una respuesta cuya formulación no se exige, pero que transforma al oyente pasivo en interlocutor atento, y que puede, si el caso lo requiere, conducir al dialogo.

Finalmente, y como características que lo vinculan a toda literatura bíblica, encontramos el paralelismo de ritmo y de ordenamiento, los agrupamientos en series numéricas, y la forma sentenciosa que origina aforismos de condensada sabiduría y fácil memorización.

GÉNESIS

     La Creación

11En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

2Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

3Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.

4Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.

5Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.

6Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.

7E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.

8Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.

9Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.

10Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno.

11Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.

12Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.

13Y fue la tarde y la mañana el día tercero.

14Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años,

15y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así.

16E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.

17Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra,

18y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.

19Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.

20Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos.

21Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno.

22Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra.

23Y fue la tarde y la mañana el día quinto.

24Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así.

25E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.

26Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

27Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

28Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

29Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.

30Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así.

31Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.

 

21Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos.

2Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.

3Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.

    El hombre en el huerto del Edén

4Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos,

5y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra,

6sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra.

7Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

8Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.

9Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.

10Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos.

11El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro;

12y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice.

13El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus.

14Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.

15Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.

16Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;

17mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

18Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.

19Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.

20Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.

21Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.

22Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.

23Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.

24Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

25Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.

 

    Desobediencia del hombre

31Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?

2Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;

3pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.

4Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;

5sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.

6Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

7Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.

8Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.

9Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?

10Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.

11Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?

12Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.

13Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

14Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.

15Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

16A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.

17Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

18Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.

19Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.

20Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes.

21Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.

22Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.

23Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.

24Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.