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DIOSES OLÍMPICOS

HIMNO A AFRODITA

Inmortal Afrodita de polícromo trono,
hija de Zeus que enredas con astucias, te imploro,
no domines con penas y torturas,
soberana, mi pecho;

mas ven aquí, si es que otras veces antes,
cuando llegó a tu oído mi voz desde lo lejos,
te pusiste a escuchar y, dejando la casa
de tu padre, viniste,

uncido el carro de oro. Veloces te traían
los hermosos gorriones hacia la tierra oscura
con un fuerte batir de alas desde el cielo,
atravesando el éter:

de inmediato llegaron. Tú, feliz,
con la sonrisa abierta en tu rostro inmortal,
preguntabas qué sufro nuevamente, y por qué
nuevamente te invoco

y qué anhelo ante todo alcanzar en mi pecho
enloquecido: ¿A quién seduzco ahora
y llevo a tu pasión? ¿Quién es, oh Safo,
la que te perjudica?

Porque si hoy te rehuye, pronto habrá de buscarte;
si regalos no acepta, en cambio los dará,
y si no siente amor, pronto tendrá que amarte
aunque no quiera ella.

Ven a mí también hoy, líbrame de desvelos
rigurosos y todo cuanto anhela
mi corazón cumplir, cúmplelo y sé tú misma
mi aliada en esta lucha.

SAFO


SAFO


Dicen unos que nueve son las Musas.
Qué negligencia.
Que sepan que la décima es Safo la de Lesbos.


(Platón, "Antología Palatina")





Safo y Alceo
Una de las más decantadas y originales manifestaciones del lirismo tuvo origen en la isla de Lesbos. Allí vivieron hacia fines del siglo VII a.C. Safo y Alceo[1] de quienes se ha conservado un número reducido de textos, en su mayor parte mutilados, que alcanzan, sin embargo, para ilustrarnos acerca del notable desarrollo que alcanzó la lírica monódica en aquella isla próxima a las costas del Asia Menor.

Hacia el año 600 a.C., Safo presidía en Mitilene de Lesbos una cofradía de muchachas consagradas a Afrodita, a las Gracias[2] y a las Musas[3]. Ella misma denominaba a su casa “morada de las servidoras de las Musas”. La institución de
Safo saltando al mar desde el promontorio leucadio
Safo no era otra cosa que una escuela, bajo el patronato de divinidades femeninas del amor, la belleza y la cultura.

Safo mereció en la Antigüedad los más fervorosos elogios tanto por la sinceridad con que confiesa sus íntimos sentimientos y emociones como por la riqueza de su estilo. La poetisa se expresa en dialecto eolio, empleando las formas métricas más variadas, entre las que se destaca la llamada oda sáfica[4]. Su técnica tan depurada, su aprovechamiento al máximo de los recursos rítmicos del lenguaje, convirtieron a Safo en un modelo ineludible en el desarrollo posterior de la lírica.



[1] De origen noble, participó en las luchas de la aristocracia contra la naciente democracia, a consecuencia de las cuales fue desterrado de su ciudad natal, Mitilene. Amigo de Safo, expresó en sus versos tanto sus rencores como la alegría de vivir. Su producción fue abundante y comprendía himnos religiosos, cantos de bebedores, poesías de amor, poesías políticas.
[2] Divinidades menores, dispensadoras de fecundidad y protectoras de la amistad: Talía (abundancia), Eufrosina (alegría) y Aglaya (belleza).
[3] Son las divinidades inspiradoras de las artes: Calíope (musa de la elocuencia, belleza y poesía épica), Clío (musa de la historia), Erato (musa de la poesía lírica-amorosa), Euterpe (musa de la música), Melpómene (musa de la tragedia), Polimnia (musa de los cantos sagrados), Talía (musa de la comedia), Terpsícore (musa de la danza y poesía coral) y Urania (musa de la astronomía, poesía didáctica y las ciencias exactas).
[4] Compuesta por estrofas de cuatro versos y adoptada por los líricos latinos.