LA LEYENDA DE LOS PELÓPIDAS

Esta terrible leyenda que reúne los más espantosos crímenes que puede cometer un mortal (antropofagia, fratricidio, traición, parricidio, incesto), parece
querer mostrar a Grecia cómo el castigo de los dioses cae sobre los culpables tarde o temprano, en ellos o sus descendientes, para desunirlos. Demuestra que la víctima atrae con las imprecaciones la desventura y la venganza sobre el victimario, aunque este parezca triunfar al perecer aquella. Los dioses oyen y ven todo, y nada olvidan. Significa esta leyenda un vivo ejemplo del horror divino hacia estos crímenes que ofenden, no solo la naturaleza humana, sino también la divina.

PRIMERA GENERACIÓN

Tántalo, rey de Frigia y Lidia, era hijo de Zeus y de Pluto, una océanide (las hijas de Océano y Tetis). Por su nacimiento divino tenía un inmenso orgullo, y un día quiso igualarse a los dioses, quienes lo hacían objeto de toda clase de preferencias. Invitó a un banquete a los inmortales y les sirvió a su hijo, Pélope, despedazado, como manjar del convite. Quería saber si los dioses adivinaban la procedencia del manjar y, en caso contrario, afrentarlos. Sentados todos a la mesa, la primera que probó las viandas fue Deméter, la diosa de la tierra y, al comer un hombro, adivinó la horrible verdad. Los dioses derribaron las mesas y lanzaron imprecaciones contra Tántalo.
Pero Zeus se apiadó del niño Pélope, y las Parcas recogieron sus miembros
esparcidos en las fuentes, e hirviéndolos en la caldera, le dieron nueva vida. En lugar del hombro comido por Deméter, colocaron un trozo de marfil, y de aquí el nombre que conservó este niño. Pélope significa “hombro de marfil” y esta característica la heredaron todos los descendientes.
Tántalo, al morir, recibió en el Hades terrible castigo, pues fue condenado a languidecer de hambre y sed, hundido en un lago, sin poder beber un sorbo de agua fresca ni apresar una fruta apetitosa para calmar su hambre, aunque las tenía delante. Tántalo está suspendido en el aire y una enorme roca amenaza caer sobre él y aplastarlo.


SEGUNDA GENERACIÓN

Pélope hereda, pues, la culpa de su padre que las imprecaciones de los dioses han hecho recaer sobre él, y también su espíritu orgulloso e impío. Muy joven aún, habiendo recibido ya el reino después de la muerte de su padre, se dirige a Pisa de Elide, atraído por la belleza de Hipodamia, hija del rey Enomao.
Un oráculo ha anunciado que el esposo de Hipodamia derrocará a Enomao, y
este impide la boda de su hija para que tal suceso no ocurra. Pero, como no puede prohibirle a Hipodamia que contraiga nupcias pues ha llegado a la nubilidad, obliga a sus pretendientes a correr una carrera de carros con él. Si gana el pretendiente, será admitido como esposo de la princesa. Si gana Enomao, el pretendiente será condenado a muerte. Hasta ahora todos habían perdido la carrera porque Enomao poseía los caballos más veloces de toda Grecia y, además, lo acompañaba el conductor de carros más hábil de todos: Mirtilo (hijo del dios Hermes y de una ninfa). Además, hacía subir al carro de su adversario a Hipodamia que turbaba y distraía al enamorado con su belleza. Los muros que rodeaban la ciudad estaban adornados con los huesos de los vencidos.
Pélope decide vencer al astuto rey por la astucia y el engaño. Soborna al auriga real, Mirtilo, quien aflojó el eje de la rueda del carro de Enomao y, al correr la carrera, yendo Pélope en un carro de oro tirado por caballos voladores, regalo de Poseidón, el carro del rey se vuelca y este muere. Pélope, vencedor, es proclamado rey de Pisa y se casa con Hipodamia. Decide entonces mostrar a su esposa los vastos dominios que le legó su padre y se embarca con ella y numeroso séquito, llevando también a Mirtilo, temiendo una infidencia. Pero Mirtilo, envanecido ahora por la predilección de Pélope, el cual le había prometido la mitad de su reino, pretende el amor de Hipodamia, y descubierto por el rey, este precipita al insolente servidor al mar, el cual, al caer, invoca a su padre Hermes para que lo vengue. Hermes maldice a Pélope y estas maldiciones divinas se suman a las antiguas para atraer graves desventuras sobre los Pelópidas.

TERCERA GENERACIÓN

Pélope tiene de Hipodamia dos hijos gemelos: Atreo y Tiestes. Se odian desde niños. Una sola vez se reconcilian y es para matar a Crisipo, hijo de Pélope de una unión anterior; de esta manera tendrán mayor caudal en la herencia del padre. Pélope los destierra y huyen a Micenas donde, habiendo perecido Euristeo en su lucha con los Heráclidas, Atreo es proclamado rey de Argólida. Muy pronto descubre que su esposa es infiel con Tiestes y la manda matar, desterrando a este. Tiestes halla a un hijo de Atreo, Plístenes, que ignora quien es su padre, y lo envía a matar a este, pero Atreo se defiende y le da muerte, descubriendo luego su parricidio.
Lleno de odio, Atreo resuelve vengarse de su hermano. Tiene en su poder dos hijos de este que habían quedado allí al huir Tiestes. Finge reconciliarse con este y lo invita a volver, recibiéndolo en una fiesta seguida de un magnífico banquete. Luego de agasajar con exquisitos manjares a su hermano y al preguntar Tiestes por sus hijos, les son presentadas, en una fuente cubierta, las cabezas y las manos ensangrentadas de los niños. Horrorizado, Tiestes vomitó el espantoso alimento y lanzó desesperadas imprecaciones contra Atreo.
Luego Tiestes huye enloquecido y vaga sin descanso perseguido por el abominable recuerdo de su involuntaria culpa. Una noche, junto a un bosque, pernoctando en la posada, halló a una hermosa y joven mujer que, prendada de él, aceptó acompañarlo en el lecho. A la mañana siguiente, por varias señales y coincidencias, Tiestes descubre que esta es su hija, Pelopea, separada de él desde tiempo atrás. De esa unión nefasta nacerá Egisto, vengador del padre, ya que un oráculo dijo que nacería de Pelopea.

CUARTA GENERACIÓN

Pronto se entera Atreo de este oráculo y logra apoderarse de su sobrina, Pelopea, con la cual se casa adoptando a Egisto. Cree escapar así a la venganza pues Egisto, vengador del padre, es ahora hijo de él.
Algún tiempo después prenden a Tiestes y lo traen a Micenas entregándoselo a Atreo. El rey envía a Egisto a matar a Tiestes diciéndole que este es su mayor enemigo y la venganza es deber del hijo mayor. Egisto quiere cumplir, pero es reconocido por Tiestes por la espada que esgrime contra él y, enterado de los grandes crímenes de Atreo y reconociéndose hijo del prisionero, vuelve a presencia del rey y lo mata, huyendo luego. De aquí el odio mortal entre Egisto y los hijos de Atreo, Agamenón y Menelao, al primero de los cuales mata Egisto en complicidad con su esposa, Clitemnestra.

QUINTA GENERACIÓN

Ocho años después, el único hijo varón de Agamenón y Clitemnestra, Orestes,
junto a su hermana Electra, se vengaría asesinando a su madre. Lo juzgaron y absolvieron en el Areópago de Atenas. Habiendo sido prometido a su prima, Hermíone, hija de Menelao, luchó contra Neoptlemo, hijo de Aquiles, casado con ella. Cuando mató a Neoptolemo, se casó con su prima, se hizo con los tronos de Arcadia y Argos, además de tener ya Micenas y Tirinto, y se convirtió en rey de todo el Peloponeso. Hasta que, a su hijo Tisámeno lo asesinaran los heráclidas.