El Canon de Múratori (que
se remonta a fines del siglo II d.C.
y que fue publicado en 1740 por
un erudito italiano de este nombre) señala a Lucas como autor del tercer Evangelio, y añade que no fue testigo
presencial de los hechos. La tradición cristiana corrobora ambas afirmaciones
desde muy antiguo, y propugna, asimismo, que el autor es el Lucas mencionado
por San Pablo en varias Epístolas
como su discípulo fiel y su médico muy amado; también se le atribuyen los Hechos de los Apóstoles, quinto libro
del Nuevo Testamento, por las
similitudes de forma y estilo con este Evangelio,
por las dedicatorias semejantes a un mismo personaje y por la continuidad del
plan, lo que permite considerar ambos libros como dos partes de una sola obra
consagrada a los orígenes del cristianismo.
La misma tradición dice
que Lucas no era judío sino antioqueno, probablemente ciudadano romano, nacido
y educado en un ambiente helenista, pero vinculado a los medios hebreos desde
antes de su incorporación al cristianismo.
LENGUA
El tercer Evangelio y los Hechos son los textos
neo-testamentarios que, junto con la Epístola
a los Hebreos, revelan más naturalidad en el uso del griego. Esto ratifica el
posible ambiente helenístico familiar a Lucas, su cultura personal y una
peculiar facilidad para la imitación de ciertas formas, ya griegas, ya semitas,
según se ve en la noble elegancia de la dedicatoria que se ajusta a modelos
clásicos, y en la feliz adecuación del estilo al tema en los capítulos de
infancia.
ANTIGÜEDAD
Este Evangelio se ubica entre la posible fecha de composición del de
Marcos y la de Hechos, alrededor del
año 65. Tal ubicación se basa en la crítica interna de los tres textos, la cual
revela que Marcos fue una de las fuentes usadas por Lucas, y que en Hechos se continúa el relato a partir
del punto en que concluye el Evangelio.
FUENTES
El propio autor nos
informa, en la dedicatoria, acerca de las fuentes, del
destinatario y de la
finalidad de su obra: “Puesto que muchos han emprendido el trabajo de coordinar
la narración de las cosas acontecidas entre nosotros, según nos las
trasmitieron los que desde el principio fueron testigos oculares y luego ministros
de la palabra, he resuelto yo también, después de haberlas investigado todas
escrupulosamente desde su origen, escribírtelas por su orden, excelentísimo
Teófilo, para que reconozcas la solidez de las enseñanzas que recibiste”.
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Ilustración bizantina del
siglo X:
Lucas escribiendo el Evangelio
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Tales palabras suponen la
recurrencia a dos tipos de fuentes (tradiciones orales y textos o documentos)
pero no con la actitud de quien recoge anécdotas, sino con la preocupación celosa
del historiador que investiga y que exige, por lo tanto, condiciones de
antigüedad, de autenticidad y de veracidad a los testimonios aportados.
Como posibles fuentes
escritas se consideran el Evangelio según
San Marcos, colecciones parciales de dichos de Jesús, redacciones fragmentarias
para uso personal o de pequeñas comunidades, y el Evangelio según San Mateo. En cuanto a los testigos presenciales a
que alude, el autor pudo recurrir a tres grupos: los Apóstoles, los parientes
de Jesús y los discípulos en general. Su condición de cristiano de la primera
evangelización (en Antioquía alrededor del año 42) y de compañero de San Pablo,
le permitieron el trato directo con Pedro y otros Apóstoles, como se deduce de Hechos y Epístolas. Se supone, asimismo, un importante contacto con Juan, pues
cada vez se advierten nexos más estrechos que vinculan los Evangelios de ambos autores; esta posibilidad acrecienta su valor
por la razón de que Juan era, además de discípulo predilecto, pariente de
Jesús, lo que habría permitido a Lucas el acceso al segundo grupo de testigos
presenciales. La tradición lo hace confidente de María, la madre de Cristo: tal
teoría, tiene como probable base textual la repetida aseveración, en el cap.
II, de que ella “guardaba todas estas cosas en su corazón”. De la Virgen, de
las múltiples mujeres que menciona en su Evangelio
y del propio Juan, a cuya custodia encomendó Jesús a su madre, pudo haber
obtenido el relato de la Infancia. Lucas debió relacionarse con gran cantidad de discípulos, y cabe destacar la abundancia de nombres propios con que
identifica a los personajes, datos que solo pudo recoger de estos testigos
presenciales; la importancia que concede a las
mujeres en su relato permite suponer que las hubo entre sus informantes.
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Representación
del
Evangelio de Lucas (toro)
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Lucas no había
visto al Señor; para conocer su obra y su doctrina hubo de apelar a
informaciones ajenas, y lo hizo en gran escala. Si con su investigación erudita
no podía obtener la visión real y viviente
de la vida de Jesús, podía, en cambio, atesorar noticias no conocidas aún por
algunos de los que habían visto al Señor. Lo que uno ignoraba o no recordaba, lo
sabía o recordaba otro; de ahí que Lucas, interrogando a unos y a otros, logró
recoger tal cantidad de datos que, aquilatados y ordenados, justificaban la
publicación de un tercer Evangelio. La
base o punto de referencia de todos estos datos recogidos era la catequesis
oral de Bernabé y de Pablo, que
era para Lucas la fuente principal de sus informaciones.
DESTINATARIO
Al
excelentísimo Teófilo, a quien se dirige con un vocativo, dedica Lucas sus dos
obras. Se ha discutido si tal nombre designa a un personaje real, o
encubre, simbólicamente, a las comunidades cristianas oriundas
de la gentilidad, puesto que Teófilo quiere decir “amante
o amigo de Dios”. La posición que afirma la autenticidad del
personaje es la más extendida, y se complementa con la
que arguye que, siendo este rico y piadoso, seguramente el
autor vio en él el intermediario adecuado para la difusión
de su obra.
TEMA
El tema,
según la misma dedicatoria, está constituido por “los hechos acontecidos entre
nosotros…”. Es, entonces, la Buena Nueva ya relatada por Mateo y por Marcos,
pero complementada con gran acopio de datos exclusivos del tercer evangelista,
y enfocada de acuerdo a su particular criterio en lo referente a destacar
ciertos hechos o poner énfasis en determinados puntos de la doctrina.
FINALIDAD
La finalidad
se enuncia asimismo en la precisa dedicatoria: “para que reconozcas la solidez
de las enseñanzas que recibiste”. El proemio supone un lector convertido ya,
para cuya fe el Evangelio escrito es
un suplemento de convicción.
DOCTRINA
Pablo fue el
“iluminador de Lucas”, pero el evangelista tiene suficiente personalidad,
estilo propio y propósito diferente al de su maestro, lo que le permite ser
original.
Las notas predominantes
desde el punto de vista doctrinal son: la proclamación de la divinidad y del señorío
absoluto de Cristo (es el Evangelio
que más veces le llama “el Señor”), su llamado universal, su misericordia sin límites
y su exigencia absoluta. El autor destaca todo lo que afirma la grandeza de Jesús
y omite detalles que, por error de interpretación, pudieran aminorarla;
distingue hechos y palabras que muestran el alcance de la redención a todos los
hombres sin acepción de razas, el amor del Maestro a los pecadores, los
débiles, los pequeños; exalta el valor de la plegaria como nexo habitual e
imprescindible entre el hombre y Dios; dice de la total entrega que se exige al
discípulo como única respuesta adecuada a la total misericordia y a la
indiscutible soberanía del Señor.
El tercer Evangelio es el Evangelio de la
humildad, del despojamiento, de la constante abnegación; ofrece la plenitud del
amor, pero reclama amor con la misma plenitud.
ESTRUCTURA
Lucas inicia su obra con
una dedicatoria breve; luego los dos capítulos
llamados “de infancia” constituyen
una especie de prólogo y se diferencian de los siguientes por su marcado estilo
semita; otros dos capítulos sirven de nexo con el Evangelio propiamente dicho y narran la preparación de Jesús para
su ministerio; a continuación, este ministerio se presenta como una larga
marcha, una ascensión hacia Jerusalén: ministerio en Galilea, camino a Jerusalén,
y ministerio en Jerusalén, en el que se incluyen la pasión y la muerte como su
corolario o complementación; el cap. XXIV constituye el epílogo y narra la
resurrección, apariciones diversas y la ascensión a los cielos.
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Final del Evangelio de Lucas
en el Códice Alejandrino
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COMPOSICIÓN
Y PROCEDIMIENTOS ESTILÍSTICOS
De los cuatro evangelistas, Lucas es el más hábil desde el punto de
vista literario.
Logra la ilación
del relato por medio de una línea cronológica que lleva de un episodio a otro,
y del artificio de concebir el todo como una misión que comienza en Jerusalén y
allí debe culminar; Jerusalén es como un imán cuya atracción ordena todos los hechos
que se narran.
Lucas omite lo que
puede enlentecer el relato, las reiteraciones de episodios semejantes, lo que
carece de interés para los lectores de la gentilidad, lo que juzga hiriente o
demasiado duro, en detrimento a la caridad debida a las personas (incluso cuando
se refiere a Judas y a Pilatos), y todo aquello que, mal entendido, puede
aminorar la grandeza de Jesús o menoscabar el prestigio de los apóstoles.


