SALMOS

La palabra “Salmos” proviene del griego Psalmos y designa a los cánticos
religiosos de los hebreos comprendidos, en su mayor parte, en el Libro de los Salmos (o Salterio), en el Antiguo Testamento.
Los Salmos son cantos, es decir, composiciones ligadas a la música, concebidas para ser cantadas. Fueron entonados por los hebreos en el ceremonial litúrgico; a veces, se los cantaba en procesiones y en diversas fiestas rituales, en el día del Sabbat, o cuando se hacía una ofrenda de gratitud. Más tarde pasan a la Sinagoga donde son la parte espiritual de la liturgia. Finalmente servirán como himnarios de las diversas iglesias cristianas.
El Libro de los Salmos está comprendido en el Antiguo Testamento; es, según el Canon hebreo, el primero de los Ketubim y encierra ciento cincuenta salmos. Hay numerosos salmos que no han tenido cabida en la Biblia, por ejemplo, los que se conservan en los libros apócrifos y en los rollos del Mar Muerto.
El Libro de los Salmos es una recopilación formada por los aportes de varias colecciones de salmos.
Es opinión generalizada que los salmos fueron escritos a lo largo de unos mil años de la historia hebrea y que, por lo tanto. no pueden ser obra de un solo autor. Estos cantos reflejan la vida, la historia y el alma del pueblo hebreo. En ellos encontramos los hechos nacionales, las costumbres, las diferentes etapas de su concepción de la divinidad de la terrible deidad de los lugares altos al Dios universal. Aparece también toda la gama del sentimiento religioso: el desamparo, el temor, la confianza, el amor por su Dios, la veneración por la Ley divina. Y no quedan fuera los problemas filosóficos: los problemas del mal y del pecado, de la justicia, de la muerte.

CLASIFICACIONES

Clasificación cronológica:  tiene en cuenta las épocas históricas a que parecen pertenecer.
1) Salmos anteriores al Exilio (hasta el 586 a.C.)
2) Salmos posteriores al Exilio (de 586 a 170 a.C.)
3) Salmos de la época de los Macabeos (posteriores a 170 a.C.)

Clasificación según las ideas religiosas:
1) Salmos pre-proféticos.
2) Salmos proféticos.
3) Salmos del período legalista.

Clasificación según su carácter literario:
1) Himnos.
· De alabanza. Exhortan a alabar a Yahvé: alaban a Yavhé y dan razones para la alabanza; alaban a Jerusalén.
· De acción de gracias. Semejantes a los anteriores, pero directamente referidos a una situación afligente que ha sido solucionada por Yahvé. Hay pocos porque la situación de los hebreos era, las más de las veces, mala, y no había mucho que agradecer.
· Mesiánicos. Anuncian la grandeza futura de los hebreos, el reino universal de Yahvé; el fin de sus enemigos o de los idólatras; una época de paz, riqueza, justicia o poder bajo un rey sabio.
2) Plegarias.
· Individuales. El hombre enfermo, preso, perseguido, pobre, expone su situación, proclama su inocencia: él no merece tal castigo. Termina con un ruego; que lo recuerde, lo salve de la muerte, castigue a sus angustiadores.
· Colectivas. Tienen el mismo espíritu, pero con respecto a sufrimientos colectivos: el desastre nacional, la derrota, el exilio. El pueblo hace protestas de inocencia o acepta su culpa. Pide el castigo de los enemigos, el favor divino, el retorno a la tierra propia, la ayuda o la justicia divinas.
3) Cantos de sabiduría.
Dan normas morales; exaltan la Ley de Yahvé y su cumplimiento; aconsejan la confianza en Dios.

EVOLUCION DE LA IDEA DE DIOS EN LOS SALMOS

La idea de Dios en el período pre-profético: la evolución del concepto religioso hebreo se refleja también en los Salmos.
Los caracteres del Dios pre-profético a veces se mantienen a través del período profético; pero muchos quedan por el camino al ser borrados por una concepción superior de la divinidad y por ideas morales más avanzadas.
· Carácter personal. Tiene nombre propio; solo cuando se llegue al monoteísmo, el genérico dios se convertirá en el nombre. Es una persona. Actúa como tal y tiene las pasiones propias del hombre, pero sus consecuencias son de más alcance y más graves (celos, cólera, venganza, injusticias.
· Es ya considerado como autor de la historia; pero el motor de sus actos no es, como será en el período profético, la justicia, sino alguna de las pasiones que vimos más arriba.
· Tiene diversas limitaciones. Y estas constituyen los caracteres que más pronto irá perdiendo.
· No es el único dios; es una monolatría.
· Se trata de un nacionalismo religioso, carácter que está ligado con el anterior. Es el dios de los hebreos, no de todos los pueblos. Se preocupa por aquellos y no por otros pueblos a quienes combate o desplaza para beneficiar al suyo. A veces lo traicionan o amenazan traicionarlo con dioses extraños.
· No es un dios trascendente (más allá del ser, de las cosas del mundo). Está localizado; vive en la tierra, en las alturas.
· Exige holocaustos y ofrendas que lo complacen.
· No actúa velando por principios universales, como la justicia o el amor. No se identifica con principios morales: el bien, etc. Es un dios terrible o temible, celoso, vengativo, a menudo injusto. Puede tener raptos de misericordia, de perdón, etc., pero son imprevisibles.
· No hay en él, pues, la perfección moral que después se le atribuirá. Tiene fallas de conducta, como un ser humano. Se excede en el castigo; se venga sin razón; no cumple el pacto; se olvida de su pueblo y lo abandona.
· Es un dios guerrero. Las circunstancias históricas hicieron que naturalmente se le atribuyera ese carácter. En cambio, no pudieron atribuir a este dios nacido en el desierto las facultades propias de un dios de la vegetación, de la fecundidad, y por eso los hebreos recurrieron tan a menudo a los Baales[1].

Caracteres del dios profético: va del siglo VII al V a.C. El carácter personal se mantiene pero con variantes.
Casi todas las limitaciones se ven superadas:
· Es un monoteísmo.
· Es el creador del mundo y del hombre y, por lo tanto, es universal. El pueblo hebreo sigue siendo el pueblo elegido. Y el único que lo adora. La relación con él sigue siendo estrecha (aunque ya no se conocen todos sus designios; se ha alejado un poco).
· Es eterno, anterior a la creación y, naturalmente, increado, no una imagen hecha por los hombres.
· Es un ser espiritual y trascendente. Ya no vive en la tierra sino en el cielo, está más allá, fuera del mundo que creó.
· Es todopoderoso.
· No tiene fallas morales: su enojo, su olvido, su alejamiento, siempre son justos.
· Es justo. Es un juez; hace justicia y la exige.
· Hace la historia como un modo de hacer justicia.
· Es un dios de amor, y, si a veces se muestra iracundo o terrible, solo lo es para el pecador o el impío. De ahí deriva el carácter de dios paternal, que guía, ampara, es un refugio, un escudo. Ya lo era en el período anterior, pero sus injusticias y su conducta caprichosa enturbiaban ese carácter.
· Rechaza los holocaustos y las ofrendas y, en cambio, exige un corazón puro y una conducta justa.

Caracteres del dios en el período legalista: este período va del S. VII al V a.C., cuando ya declinaba el profetismo.
Se distingue por tres caracteres:
1) La exaltación de la ley divina, contenida especialmente en el Pentateuco. El conocimiento de la Ley se identifica con la sabiduría.
2) El Humanismo. En los Salmos de este período se acentúa la preocupación por problemas que ya se planteaban en los anteriores: el sentido de la vida, del trabajo del hombre, el problema de la muerte, el de la justicia, la situación del hombre en el mundo, su pequenez y su grandeza, el problema del mal.
3) El Mesianismo. Aunque en Salmos es poco frecuente.
En cuanto a los caracteres de la divinidad, se mantienen, y casi siempre se perfeccionan, los más importantes caracteres del período de los profetas. Ya ha sobrepasado todas las limitaciones: no solo en cuanto a su trascendencia, a su universalidad, a su carácter absoluto, sino que, además, ahora se le concibe como dios de vivos y muertos.
Tiene más grandeza, más perfección y más lejanía. Los salmos de este período no le reprochan nada. Sus preceptos son perfectos, por eso, el conocimiento y el acatamiento de los mismos constituyen la mejor conducta del hombre, la piedad y la sabiduría.


[1] Son antiguas divinidades de varios pueblos situados en Asia Menor. Eran dioses de la lluvia, el trueno y la fertilidad.