SU ESCENARIO
Políticamente
el área comprende a los actuales estados de Tabasco, Chiapas y
la península de
Yucatán en México; Guatemala, Belice; oeste de Honduras y El Salvador.
LOS
ACTORES
Todos
los antropólogos admiten hoy que el hombre americano es originario del Viejo
Mundo. Si bien se sabe que la población se remonta a más de 90.000 años,
la gran masa primitiva de poblamiento se efectuó por el Norte, por el estrecho
de Bering, hace unos 40 o 30.000 años (en épocas glaciares). Teniendo como
punto de partida grupos humanos cronológica y antropológicamente muy distintos
y con diferentes vías de migración, dará como resultado los diversos rasgos
físicos que presenta el amerindio: asiático mongoloides y polinesios.
SU
EVOLUCIÓN
Los
primitivos hombres llegados a América eran cazadores nómades con un
rudimentario equipo lítico. Luego de un lento proceso vemos el surgimiento de
cazadores de fauna menor y recolectores de vegetales (VIII milenio a.C.,
período arcaico), para finalizar que, entre el 3400 y 2500 a.C., el cultivo
incipiente de nuevas plantas
como el
maíz, la calabaza y los frijoles convierte a los pequeños grupos humanos en
semisedentarios y sedentarios (período formativo) con conocimiento de la
alfarería.
El
período comprendido entre el 2500 a.C. y el 889 d.C. corresponde al pre-clásico
y clásico, y señala el principio de las civilizaciones urbanas, organizadas en
el caso maya bajo un poder teocrático. Durante este período de florecimiento de
la sociedad y de todas sus formas de expresión, había un ritmo acelerado de
construcción de ciudades-estado (Palenque, Piedras Blancas, Tikal, Copán) que
poseían una cultura común pero no una unión política ni capital que aglomerara
a los tres millones de habitantes del área.
Clasificamos
como post-clásico o militarista el período entre el 889 d.C. y el advenimiento
del poder español en 1697. Caracterizado por una decadencia de las formas
clásicas y una militarización de las masas, fue durante este período que el
grueso de la población se concentró en las tierras altas guatemaltecas y en la
porción nororiental del Yucatán, recibiendo allí marcada influencia de grupos
tolteca mexicanos que modificaron seriamente la tradición maya original. Después
del enigmático hundimiento de toda la organización anterior, desapareciendo las
ciudades, dejándose de erigir estelas y migrando poblaciones enteras en Yucatán,
renacerá la cultura maya. Es la hora de ciudades como Chichén-Itzá, Uxmal,
Mayapán, todas ligadas al culto de Kukulkán, héroe civilizador representado por
una serpiente emplumada. El carácter bélico del periodo queda establecido por
las fortificaciones que rodean las ciudades y por la proliferación de
sacrificios sangrientos.
LA
LENGUA
A pesar
de que existieran más de quince dialectos (quiché, yucateo, chontal, ixil,
etc.) todos deben haber estado relacionados en un tronco común, una lengua
madre que reconoce lazos lingüísticos con los mexicanos.
ORGANIZACIÓN
SOCIAL
Como
todas las sociedades teocráticas, la maya era una pirámide escalonada
con el
“hombre ordinario” en la base y los “superiores” en la cúspide. La ancha base
la constituían los cultivadores del maíz, tributarios que se convertían en
soldados cuando sobrevenía la guerra y en la mano de obra necesaria para la
edificación. La clase noble, de la que procedían los funcionarios del gobierno
y los sacerdotes, poseía plena autoridad, eran “señores”, generalmente cargados
en literas.
¿Cómo
evolucionó la sociedad derivando en esta marcada desigualdad? La vida en
comunidades igualitarias primitivas se transforma cuando el número y la gama de
plantas cultivadas aumenta y permite un excedente de producción. Las
necesidades básicas de subsistencia están aseguradas, condición que hace
posible que ciertos grupos de hombres emplearan ese sobrante en el comercio y
que surjan especialistas de tiempo completo: alfareros, cesteros, sacerdotes.
La
figura dominante de este nuevo orden social fue el especialista en materia
religiosa. En un mundo donde la religión lo impregnaba todo (nacimiento,
muerte, agricultura, registro del tiempo, astronomía y arquitectura) y donde
las incomprensibles fuerzas de la naturaleza, materializadas en forma de
dioses, actuaban en forma benéfica o maléfica, según como fueran tratados por
los hombres, era fundamental lograr los favores divinos mediante ritos
diversos: sacrificios, obsequios, ceremonias y oraciones. Los encargados de develar
el misterio de la conducta de los dioses, los mediadores entre lo natural y lo
sobrenatural, eran los sacerdotes. El clero establecía, en base a sus
conocimientos, el calendario. Indicaba al pueblo cuándo había que desmontar, cuándo
deshierbar, plantar y cosechar. Además de organizar el trabajo agrícola por más
de 800 años, administraron los valiosos bienes ofrecidos a las divinidades
mientras eran mantenidos por el campesino ligado a la tierra.
LA AGRICULTURA
Principal actividad económica, estaba basada en el
sistema de roza, sencillo procedimiento de derribar los árboles, quemarlos
junto con la maleza, sembrar los granos y cambiar de sitio cuando las milpas
(maizal, principal alimento del pueblo) desgastaban el suelo. Esta constante
búsqueda de nuevas tierras lleva necesariamente a alejarse más y más del centro
de autoridad, debilitando los lazos con la ciudad (y contribuyendo quizás a la
posterior desintegración del orden teocrático). Cabe señalar aquí que
actividades como el comercio y la cría de pequeños animales domésticos se
realizaban intensamente como lo demuestran los restos arqueológicos, las
pinturas y esculturas.
EL CALENDARIO
Fue una de las grandes realizaciones de los sacerdotes.
Todas las religiones
han tratado de determinar el tiempo, dominar el tiempo
cósmico y hacerlo susceptible de medición en espacios cíclicos de simple
sucesión, pero ningún pueblo de la historia tuvo una obsesión tan marcada como
los mayas. Creían en el tiempo cíclico, que los mismos hechos se repetirían en
la historia, de allí la importancia de registrarlos para prevenir el futuro.
El atento estudio de la astronomía, atestiguado por
las ruinas de muchos observatorios como el de Chichén Itzá, les permitió lograr
una valoración muy precisa del tiempo, tanto que no tenían un solo calendario
sino tres. El TZOLKIN sagrado constaba de 260 días y estaba basado en las fases
de la luna. El HAAB o solar totalizaba los 365,2420 días. El tercero, el de la
CUENTA LARGA, calculaba el número de días a partir del principio mítico de la
era maya, ubicado en el 3113 a.C.
ESCRITURA Y NUMERACIÓN
También correspondió a la clase sacerdotal el invento
de la escritura en nuestro continente. Aunque solo parcialmente descifrado
(60%), los glifos que tratan de fechas y cálculos pueden ser leídos. Los que
contienen temas rituales e históricos aún permanecen sin descifrar.
Esta civilización creó un sistema de numeración
vigesimal más práctico que el de los griegos, egipcios o romanos; fue la
primera del mundo en concebir la numeración y posición del cero.
RELIGIÓN
Según
la cosmogonía maya, nuestra época estuvo precedida por otras tres edades que
desaparecieron sucesivamente en un respectivo cataclismo universal. Poseían
tradiciones de gran inundación (como en la mitología griega o en la leyenda
bíblica de Noé).
El
universo constaba de trece cielos superpuestos (nuestra tierra era el cielo
inferior) y de nueve mundos subterráneos, el más profundo de los cuales
pertenecía al señor de la muerte. Cada uno de los mundos tenía su divinidad,
pero en el panteón maya Itzamná tenía un lugar de privilegio. Hijo de Hunab (el
creador del mundo), Itzamná había otorgado a los mayas la escritura y el calendario.
Chaac, dios de la lluvia, cumplía un importante papel en esa sociedad agrícola.
Yum Kaax, dios del maíz de apariencia jovial, era representado con una mazorca
en la mano. Ah Puch, el dios de la muerte, representado por un esqueleto, era
respetado y venerado como estos y los demás dioses por el maya en su afán por
sobrevivir.


