A pesar de los que sugiere su nombre, la Ilíada no es el poema de la Guerra de Troya, sino el poema de la cólera de Aquiles.
El tema de la cólera aparece ya, desde su planteamiento inicial, ligado al tema del designio de Zeus y al de la venganza de Aquiles. En esa conjunción de los tres temas y en los lineamientos generales de la acción radica la unidad de la Ilíada.
En el canto primero se exponen las causas de la cólera y sus consecuencias inmediatas; en el resto del poema, sus consecuencias mediatas: ofendido en su honor por Agamenón, Aquiles se restira del combate y obtiene la promesa de Zeus de que los aqueos serán derrotados.
La derrota de los aqueos determina la intervención de Patroclo en el combate; la muerte de Patroclo transforma la cólera de Aquiles en un odio incontenible contra los troyanos; la pasión de la venganza se sobrepone a la cólera; renuncia a esta y se reconcilia con Agamenón; da muerte a Héctor, principal defensor de Troya, lo que permite presumir con absoluta certidumbre la destrucción de la ciudad.
Los demás sucesos, en parte, son desarrollo de este tema central; en parte, simples acciones episódicas que solo tienen una relación indirecta con la cólera.
Sin embargo, la ausencia de Aquiles en el combate permite destacarse a los demás héroes, que van logrando sucesivamente su principalía.
La Guerra de Troya constituye el marco, el escenario en el que se desarrolla el drama épico de la cólera y de la venganza de Aquiles.
Si bien la Ilíada es la gran epopeya guerrera, la narración de los combates no constituye lo fundamental del poema. Más allá de los sucesos bélicos, de las incidencias de la narración, la Ilíada nos ofrece una visión profunda del alma humana, una pintura vigorosa y palpitante de intensas pasiones, el odio, el orgullo, el honor, la piedad.
El poema se inicia con una súplica, la de Crises a Agamenón, a que suceden la de Aquiles a Tetis y la de esta a Zeus; y concluye con una súplica, la de Príamo a Aquiles.
La cólera de Aquiles contra Agamenón, después de la muerte de Patroclo, se transforma en una incontenible sed de venganza; finalmente se aplaca para dar paso a la piedad. El poema concluye con el apaciguamiento, que restablece el equilibrio en el alma humana, purificándola de la pasión de la ira.
Junto a la exaltación del heroísmo, el poema expresa la más enérgica condenación de la guerra, a la que califica de funesta, detestable, causante de dolor y lágrimas, devoradora de hombres.
Contrastando con la violencia de los combates o de las disputas entre los héroes, encontramos escenas de delicada ternura o de emocionante patetismo.
El amor a la vida, a pesar de la convicción de su efímera pequeñez; el amor a la gloria y a la virtud, a pesar de la conciencia de que el hombre sufre injustamente el peso de su destino; la tendencia a dominar y superar el pesimismo, constituyen los valores sustanciales del poema.
Es un verdadero acierto, que contribuye al mérito literario de la obra, el no haber pretendido tratar toda la Guerra de Troya, sino simplemente uno de sus episodios, el que tiene relación con la cólera de Aquiles. Se omite deliberadamente todo lo relativo a las causas de la guerra, así como lo ocurrido en los nueve primeros años del sitio; no se narra la muerte de Aquiles ni la destrucción de la ciudad, aunque se presuponen.