PRIMERA
CREACIÓN
CAPÍTULO II
Donde se dice que todo era caos y
nada se movía antes de la creación y el cielo estaba despoblado
Lo primero
que debemos tratar es que antes de la creación no había hombres ni animales
(pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, hoyos, barrancos, paja ni mecate)
y nada se manifestaba sobre la faz de la tierra.
El mar estaba
suspenso, el cielo estaba sin haber algo que hiciera ruido; no había cosa
alguna que no fueran el mar y el agua, que estaban en calma. Y así todo estaba
en silencio y la oscuridad era como la noche.
Solamente
estaba el Señor y Creador, culebra fuerte, madre y padre de todo lo que hay en
el agua. Estaba en medio de una gran claridad, adornado y oculto entre plumas
verdes, y así se llamó Cucumatz, culebra fuerte y sabia, y también se llamó a
este dios Corazón del Cielo, porque está en él y en él reside.
Llegó después
aquí su palabra, acompañada de la de los señores Tepeu y Cucumatz, y
confiriendo, consultando y teniendo consejo entre sí, en medio de aquella
oscuridad, crearon todas las criaturas y se manifestó la creación de los
árboles y la vida, y todo lo demás que creó Corazón del Cielo, que se llamaba también
Huracán. El primero fue Caculha Huracán, el segundo se llamaba Chipi Caculha y
el tercero era Raxa Caculha; y así fueron tres aquellos Corazón del Cielo
Y se reunieron con
Tepeu y Cucumatz, consultaron entre ellos acerca de la vida y la creación, y
dijeron: -¿Quién ha de ser el que los ha de alimentar? ¡Voten!
Y luego ordenaron:
-Salga el agua y deje lugar para que aparezca la tierra y de este modo se
aclarará el cielo y se verá la tierra; y habrá lugar para las criaturas que
crearemos y para cuando sea creado el hombre.
Y solo con haberlo
dicho y mandado se formó la tierra. Parece que se hizo por milagro, porque al
modo de una nave se levantaron los cerros sobre el agua y cosa maravillosa fue
ver cómo se levantaron las grandes montañas y aparecieron llanuras y al mismo tiempo
germinaron los cipreses y los pinos.
El señor Cucumatz
se alegró de ver la creación y le dijo al señor Corazón del Cielo:
- Ha estado muy
bien tu compañía. Tú, Chipi Caculha; y tú, Raxa Caculha ¡me parece muy bien, y así
llegaremos a perfeccionarlo todo!
Primero fue creada
la tierra, los montes y los llanos, los caminos del agua se dividieron y
salieron muchos arroyos por entre los cerros; y en algunas partes señaladas se
detuvieron y rebalsaron las aguas, y de este modo aparecieron las montañas; y
esto fue lo primero que crearon aquellos que se llaman Corazón del Cielo; la
creación de la Tierra fue lo primero que dispusieron. Después de esto,
decidieron crear a los animales: al venado, al pájaro, al león, al tigre, a la culebra,
a la víbora, al cantí, y los pusieron como guardas de los montes.
Consultando entre
sí dijeron los creadores:
-¿Será conveniente
que estén así en confusión, sin hablar, debajo de los árboles del monte? ¿Así
solamente sin que haya quien cuide de ellos y los guarde?
Y apenas lo
dijeron, les fueron repartidas sus casas y habitaciones: -¡Tú, venado,
habitarás y dormirás en las barrancas y en los caminos del agua; andarás entre
la paja y las yerbas, y en el monte te multiplicarás; andarás y te pararás en
cuatro patas!
Y a los pájaros
les fue dicho: -¡Ustedes, pájaros, estarán y habitarán sobre los árboles y
mecates, y allí harán casas y allí se multiplicarán, y se sacudirán, y expulgarán
sobre las ramas de los árboles y mecates, y esa será su morada!
Conforme los había
repartido el Creador habitaron en la tierra, teniéndola por su casa y
habitación y, habiéndose creado todos los animales, les dijo el Creador:
-¡Hablen y griten, no hagan solo yol, yol; cada uno de ustedes hable según su
especie y diferencia!
Esto les dijo a
los venados y pájaros, a los leones, tigres y culebras: -Digan y alaben nuestro
nombre; digan que somos sus padres y madres, pues nosotros somos Huracán, Chipi
Caculha, Raxa Caculha, Corazón del Cielo, y de la tierra formadores y creadores,
madres y padres de todo, ¡hablen, invóquennos y salúdennos!
Pero, aunque esto
les fue mandado, no pudieron hablar como los hombres, sino que chillaron, cacarearon
y gritaron diciendo: -¡Voh, voh!
No pudieron
hablar, sino que cada uno gritó de manera diferente. Y viendo que no hablaban,
los creadores dijeron: -¡No pudimos conseguir que hablaran y dijeran nuestros
nombres y que somos sus formadores y creadores, y eso no está nada bien!
Y entonces
dijeron: -Pues como no pudieron hablar, mudamos de parecer; no pudieron decir
nuestros nombres, entonces la comida y el
pasto de los montes y sus dormitorios serán las barrancas; habrá quien nos
invoque y alabe, porque haremos que nos obedezcan: ¡su propia carne será
comida y para eso servirán todos ustedes, chicos y grandes!
Y, oyendo
esto, todos ellos intentaron hablar una y otra vez, probaron juntar las
palabras y saludar al Creador; pero no pudieron, fue tan grande la confusión,
que ya no se entendían unos a otros, y de ningún modo se pudo ajustar y
conseguir que hablasen; y así fueron ultrajados y desechados y sus carnes
sirvieron de alimento y de esta suerte fueron muertos todos los animales que
había sobre la tierra.
Los creadores
trataron otra vez de hacer criaturas, y así fueron creados el hombre, el
amanecer y la claridad.
Dijeron:
-¡Probemos otra vez a hacer una criatura que podamos alimentar y que nos
invoque y alabe, y se acuerde de nosotros sobre la tierra; ya probamos con
nuestras primeras criaturas y no pudimos conseguir que nos alabasen, hagamos
otra que nos obedezca y a quien sustentemos!
Entonces
tomaron lodo y formaron un cuerpo de barro, pero estaba pesado, sin movimiento,
y como el lodo era blando, se desmadejaba. Volvía la cara a un lado y allí se
quedaba, sin volverla; ni podía mirar para atrás y, aunque hablaba, no tenía
entendimiento ni razón. Era flojo y se desbarataba en el agua. Viendo esto, los
creadores dijeron: -¡Este ser se pondrá peor después y ni nadará, ni se
multiplicará!
Lo
deshicieron otra vez y volvieron a consultar entre ellos el mejor modo de hacer
al hombre, y determinaron consultarlo con los viejos Xpiyacoc y Xmucane, que
así eran llamados los abuelos del sol y la luna.
Y yendo a
ellos, le preguntaron al adivino del sol, Huracán Tepeu Cucumatz: -¿De qué modo
podemos hacer un hombre y conseguir que, siendo sustentado y alimentado por
nosotros, nos invoque, se acuerde de nosotros y alabe nuestro hombre?
Consúltenlo y echen sus suertes, adivinen, pues son ustedes Xpiyacoc y Xmucane,
nuestros viejos y abuelos. Queremos saber si será posible que este nuestro
hombre nos invoque, nos alabe, ensalce nuestro nombre y se acuerde también de
ustedes y que, siendo nuestro hijo, nos invoque llamándonos Hunahpu Vuch,
Hunahpu Utiu, dos veces padre y dos veces madre; nos dé el título de grandes y
nos dé el nombre de gran pizote, el de las hojas, el que posee trono de
majestad, el de las riquezas, el de la verde jícara, el del verde plato, abuelo
del sol, abuela de la luna. ¡Echen las suertes con maíces y con granos de
tzitté y miren si nos pueden manifestar su forma y cómo tendrá su boca y su
cara!
Echaron sus
suertes y el viejo que adivinaba por el sol, Xpiyacoc, y la vieja que adivinaba
por la luna, Chiracan Xmucane, dijeron:
-¡Ea, Sol;
ea, Luna! Júntense y declaren si es conveniente que el Creador forme al hombre
de madera y si es el que ha de ser sustentado después de ser formado. ¡Ea,
habla maíz!, ¡Ea, habla tú, tzitté!, ¡Tú, sol!, ¡Tú formadora! ¡Ea maíz!, ¡Ea
tzitté! Llamen al sol; y tú Corazón del Cielo ¡ten cuidado, no avergüences a
Tepeu, ni a Cucumatz!
El maíz y el
tzitté respondieron de este modo:
-Háganlo así,
que así estará bien; y hablará la madera, labren al hombre de madera.
Y luego al punto
fue hecha de madera la imagen del hombre, y este se multiplicó, tuvo hijos e
hijas; pero esos hombres salieron tontos, sin corazón ni entendimiento, y no se
acordaron más de su Creador. Anduvieron en vano sobre la tierra, sin acordarse
de Corazón del Cielo. Esto se vio apenas probaron pararlos y hacerlos gentes;
pero tenían las caras secas y estaban abrumados y pesados, no tenían agilidad en
los pies ni en las manos; estaban sin sangre ni humedad, ni gordura; secas y
pálidas sus mejillas; los pies amarillos y secos y macilenta su carne; no recordaron
a su Creador, se multiplicaron sobre la tierra y llegaron a ser muchos.
Finalmente, los
hombres de madera fueron destruidos. Entraron en consejo Corazón del Cielo y enviaron
un gran diluvio que los destruyó a todos; a los varones de madera de corcho,
que se llamaban tzitté, y a las mujeres, que estaban hechas del corazón de la
espadaña y se llamaban zibac; y esa fue la voluntad del Creador: los habían
hecho de madera pero no hicieron memoria del beneficio que les hicieron al
haberlos creado y por eso fueron muertos y anegados. Enviaron un gran diluvio
de resina y brea del cielo que los consumió, y vino el pájaro llamado
Xecotcowaoh, les sacó los ojos, y otro que se llama Camalotz les cortó las
cabezas, y otro animal llamado Cotzbalam les comió las carnes, y otro llamado
Tecumbalam les quebró los huesos y nervios y los hizo harina. Y todo esto fue
un castigo porque no dieron gracias al Creador, y una pena por haberse olvidado
de su padre y madre y señor que los creó, el Corazón del Cielo llamado Huracán.
En pena por su
pecado se oscureció toda la faz de la tierra y empezó una lluvia continuada de
noche y de día. Vinieron todo género de animales, palos y piedras, los
empezaron a golpear y afrentar hablando todos, piedras de moler, comales,
platos, cajetes, ollas, perros y tinajas los baldonaban; y los perros y las gallinas
les decían: -¡Nos trataron muy mal, nos mordieron, y asimismo los morderemos
ahora!
Las piedras de
moler les decían: -¡Nos atormentaron mucho y todas las mañanas y las tardes no
nos dejaban descansar con su holí, holí, huquí, huquí y este fue nuestro
continuo trabajo; hubieran sido buenos y como no lo fueron, ahora experimentarán
nuestras fuerzas y les moleremos las carnes y haremos harina sus huesos!
Esto dijeron las
piedras de moler.
Y los perros,
hablando, les decían: -¡Porque no nos daban nuestra comida, y solo los
estábamos mirando mientras comían, nos echaban y siempre estaba listo un palo
para nosotros, y nos trataban de ese modo porque no hablábamos, quizá no
hubieran muerto ahora! ¿Por qué no fueron buenos con nosotros? De ese modo nos
acabamos y ahora probarán nuestros dientes y los comeremos.
Eso dijeron los
perros, dándoles en rostro y afrentándolos por lo mal que los habían tratado.
Los comales y las
ollas hablaron: -¡Mucha pena y dolor quemaron nuestras bocas y rostros, siempre
nos tenían tiznados y siempre puestos al fuego, nos quemaron y ahora los
quemaremos a ustedes!
Esto dijeron las
ollas y comales, echándoles en cara el mal trato que les hicieron.
Y las piedras o
tenamastes en que se ponen las ollas al fuego les decían: -¡Siempre nos
tuvieron al fuego, causándonos gran dolor y ahora les quebraremos las cabezas!
Con todas esas
voces andaban los hombres como fuera de sí y sin sentido. Querían subirse sobre
las casas por el diluvio, pero las casas se hundían y se venían abajo; querían
subirse a los árboles, y estos los arrojaban de sí; querían guarecerse en las cavernas
y hoyos y se cerraban.
Y así fueron destruidos
todos esos hombres; solo quedó una señal de ellos, los micos, que andan ahora por
los montes, porque fueron hechos de madera por el Creador; y así el mico se
parece al hombre, porque es señal de otra gente que hubo sobre la tierra, la
cual fue hecha de madera y luego destruida.